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Doctor de Muñecas 4 mayo, 2010

Posted by Pamela Abad in Profesiones Raras.
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De 80 años, este “doctor de juguetes” dice que seguirá trabajando “mientras tenga contrato con el de allí arriba”.

No importa si son osos de peluche con un agujero en la barriga, muñecas sin ojos o relojes a cuerda que ya no emiten sonido.

Dr. Chais

En el Doll Hospital de Nueva York hasta ahora todos recibieron la ayuda que necesitaban. Desde 1946, Irving Chais limpia, esmerila y atornilla a los enfermos, que llegan a Manhattan desde todos los rincones del mundo.

 

Brazos y piernas, manos y pies cuelgan del techo y numerosas cabezas y cuerpos de muñecas se alinean ordenadas por tamaño en las estanterías.
En cientos de cajones y cajas de cartón hay zapatitos, ojos, cabellos y herramientas.Chais está sentado en medio del caos en el que sólo él se sabe mover cuando suena el timbre sobre la puerta de entrada.
“Aquí no sólo soy un doctor. Además tengo que ser psicólogo”, dice Chais, aunque su puesto de trabajo con pinzas y serruchos no lo da a entender.

 Sus clientes son personas acomodadas, que pueden comprarse sin problemas una muñeca nueva, un reloj cucú mejor o un oso de peluche importado de Europa. “Para muchos su muñeca es algo así como un sustituto de un hijo. No la tiran a la basura si está un poco rota”. A veces además se trata de piezas únicas que no se pueden comprar en ninguna parte. Chais no puede cambiarles nada. Sólo puede mejorarlas con ayuda de un eliminador de óxido, pegamento y pintura. Todos los detalles deben encajar. Con mucho cuidado limpia bajo una luz de neón los pequeños cuerpos de las muñecas, pega las fracturas, esmerila los restos de pegamento y finalmente pinta las cabezas. Así las hace revivir. El doctor nació hace casi 80 años en Brooklyn, pero sus manos siguen trabajando con precisión.
“Soy algo así como un cirujano”, dice. Sólo le falta la bata, pero con la camisa a cuadros y el pantalón de color caqui parece varios años más joven. Casi todos los días acude al gimnasio. Pero lo que lo mantiene en forma es sobre todo el trato con sus clientes. Las personas son muy importantes para él, afirma. Chais se siente agradecido ya que p
ara él no existe mejor trabajo que ser un doctor de muñecas.

 

 

  El pequeño cartel en la diminuta casa de ladrillos en Lexington Avenue 787 apenas se divisa. Antes este hospital, que consiste en sólo dos habitaciones, tenía el tamaño suficiente para recibir todos los encargos que le llegaban, pero en algún momento los pocos metros cuadrados se hicieron demasiado escasos. Sólo un estrecho pasillo queda hoy entre las montañas de muñecas y animales de peluche, que lleva a las vitrinas con los valiosos ejemplares únicos.
“Ahora sólo hago una pequeña parte de los trabajos aquí”, dice Chais. Hace 20 años creó en New Jersey un segundo hospital. Allí las muñecas se limpian, reciben vestimenta nueva y se les añade cabello.
Los pacientes llegan a la sala de espera de Lexington Avenue en cajas de madera o de cartón. Y no sólo de Estados Unidos, sino de todo el mundo.

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