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‘Mi deber es educar a jóvenes emprendedores’ 5 mayo, 2010

Posted by Leonardo Morales in ¡Entrevistas!.
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Una resbaladera en forma de dinosaurio y un largo camino de granito dan la bienvenida a William Shakespeare School. Este plantel está ubicado en el valle de Tumbaco. Humberto Herrera, de 50 años, es abogado y es director de esta institución. Eso le ayuda a estar siempre en contacto con jóvenes y niños de la ciudad.

Pero también le gusta estar enterado de todo lo que sucede en Quito, en el país y en el mundo. Por eso, a las 06:00, al levantarse toma la prensa para enterarse de las noticias y así compartir con sus alumnos en clases. “Es muy importante conocer los acontecimientos de mi ciudad, porque ahí es donde me motivo para educar, quiero formar niños y jóvenes con valores y que sean emprendedores”.

Por esta razón todas las mañanas, a las 07:30, Herrera se para junto en la entrada del colegio para recibir con una sonrisa a los alumnos. “Trato de que se sientan felices de asistir a clases, aunque algunos están un poco dormidos todavía” , bromea. Para él, tener un colegio propio fue un sueño de toda la vida.

Hace 18 años, el plantel abrió sus puertas en Quito. Al principio solo contaba con la sección pre-escolar y primaria. “Teníamos  119 alumnos”, recuerda Herrera. Ahora la institución tiene alrededor de 700 estudiantes de entre   2 y 18 años.

Con una  infraestructura donde reina la figura hexagonal,  Herrera busca crear un ambiente cómodo para que los alumnos puedan expresarse  libremente.

Pero  no solo el ambiente es importante sino también el aprendizaje académico. Es por eso que durante el día Herrera da clases de cívica y de lógica y ética a cursos superiores de la secundaria. Tratan temas como la falta de valores en la sociedad o aprenden juntos la nueva Constitución. “Intento inculcar a mis alumnos principios, pero sobre todos amor a la ciudad y a la patria, eso es lo que nos  hace falta a los quiteños.”

Así mismo, durante el día, Herrera se da tiempo para reunirse con padres de familia y con las diferentes áreas académicas que tiene el colegio. Además, está en permanente contacto con la directora pedagógica.

Pero fundamentalmente visita las aulas, pues -dice- que como director eso es lo más importante. “Entro a clases indiferentemente, para ver cómo imparte conocimientos el profesor”.

Cuando llegan las 13:00, Herrera se alista para comer junto con los más pequeños. Almuerza y juguetea con ellos. Así, a las 14:00, Herrera abandona el centro educativo y se dirige a la ciudad. Para ejercer su profesión de abogado en su estudio jurídico.

Aunque normalmente a las 20:00 está de regreso en su casa, para compartir el tiempo con su familia. “Es fundamental conversar con mis hijos y esposa sobre lo que se han hecho durante el día.” Algunas noches se reúne en el colegio para  jugar básquet con alumnos y padres de familia. El día de Herrera es muy intenso, por lo que no llega a aburrirse a ningún momento. “Tener la oportunidad de compartir con niños y jóvenes es lo que te permite disfrutar de la vida”.

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Comentarios»

1. DAB - 3 febrero, 2012

Humberto Herrera es uno de los tipos más desagradables que he tenido la desgracia de conocer. Trabajé en su colegio por cuatro meses (no soporté más que eso) y huí despavorida viendo la prepotencia, el abuso de autoridad y la hipocresía de ese señor y de todo su colegio. Los alumnos tienen derecho a hacer lo que les de la gana sin temer sanción alguna, y los profesores son más o menos los sirvientes de los estudiantes. Recuerdo que, siendo profesora de literatura de la hija de este hombre, le puse una calificación media a un poema mediocre que escribió. El resultado fue que tuve que soportar que vinieran la madre y la hermana mayor a instarme a no frustrar el genio literario de la chica (genio por lo demás inexistente) y a informarme de lo valiosa y maravillosa que era su escritura. La alumna en cuestión decidió dejar de hablarme, a mí, su profesora, en fin. Ese colegio es una muestra suprema de todo lo indeseable que puede existir en Ecuador. Han pasado muchos años, ya ni sé cuántos, pero aún no me puedo quitar el amargo sabor de boca que me dejó tratar con gente de tan bajo grado moral, que sin embargo tenían la hipocresía de exponerse como los ejemplos a seguir.


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