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Vicente Quemag aprendió a conducir por necesidad laboral 19 mayo, 2010

Posted by Leonardo Morales in Lo que no sabías sobre....
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Todos los días, Vicente Quemag se levanta a las 05:45, toma un baño y se prepara para salir a trabajar.

Se sienta a la mesa junto con sus hijos Jeferson de 13 años y Jessica de 9, y se sirve el desayuno que prepara su esposa Mercedes Arias. A las 07:00, toda la familia sale de su casa ubicada en la Perla Quiteña, en la entrada al valle de Cumbayá. Ellos caminan tres cuadras por la avenida Simón Bolívar y toman un bus.

Los esposos dejan a sus hijos en la escuela Carlos Aguilar y en el Colegio Nacional Cumbayá. Mercedes busca un bus para regresar a la casa y él se sube en otra unidad para ir a su trabajo de carpintero. Quemag, de 31 años, es artesano y trabaja para una empresa que realiza lienzos para pintura en óleo. Antes se dedicaba a pintar interiores, pero desde hace cinco años conoció a su jefe Luis Mancheno y empezó a trabajar en ese negocio.

A las 08:00, el artesano llega a las instalaciones de Bastiflex (nombre de la empresa donde trabaja), en La Primavera. prende la radio y sintoniza la emisora Onda Azul, porque durante el día suenan baladas, que son las que más disfruta. Se pone su mandil azul con el sello de la empresa y una gorra roja. Las labores para la mañana están asignadas desde el día anterior, por lo que no demora en iniciar su trabajo.

Toma su tabla de madera y lee lo que tiene que hacer, coge las telas cortadas y los bastidores de madera que correspondan a la medida. Prende un compresor amarillo y así pone en funcionamiento a la grapadora que utiliza para templar las telas en las maderas.

Junto a una mesa rectangular con un filtro verde coloca dos canecas y encima un tablón de madera para apoyar los lienzos que está preparando. Escoge las telas mejor pintadas y las estira con una pinza metálica.

A las 10:00 la secretaria de Bastiflex informa a Quemag que tiene que ir a hacer una entrega. Se quita el mandil, se limpia el polvo y sube los bastidores terminados en la camioneta de su jefe, los ajusta con una cuerda para que no se caigan en el camino. Toma las facturas de lo que está llevando y prende el carro.

Su tarea es llegar con los materiales a tiempo. Sube a la ciudad por la Av. De Los Conquistadores, en Guápulo. Quemag cuenta que gracias a su trabajo aprendió a manejar y sacó la licencia de conducir. Su empleador le ayudó para que saque todos los papeles.

Cuenta que lo que más le motiva es que en la empresa no falta trabajo: “Aquí las labores son fijas, siempre hay algo que hacer”.

El hombre de estatura mediana entrega las cosas sin problemas, ya todos lo conocen y lo saludan con amabilidad. Cuando termina, regresa a la empresa para continuar con las tareas pendientes.

Vuelve a colocarse el mandil y tararea las canciones que suenan en la radio. A las 12:30, sale a la tienda de la esquina para comprar algo de comer. Su refrigerio del día es un yogur y galletas.

Explica que otros días trabaja solo con madera. Esa actividad la hace en un taller ubicado en el terreno donde vive. Él cuida el lugar a cambio de la vivienda. Recibe su paga por quincenas, y gana USD 350 al mes.

A las 17:30 termina sus labores, se saca el mandil, se moja la cara y se peina. Guarda los materiales y deja listo todo para el siguiente día. Toma un bus y se dirige a su casa. En 45 minutos llega, come algo y comparte con su familia.

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