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‘Me gusta sentir la adrenalina de la ciudad’ 19 mayo, 2010

Posted by Leonardo Morales in Recorrido Jornáutico.
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Un enterizo azul con fucsia es su uniforme. El ruido y la agitación de la calle no le impiden promocionar su producto. Un arco iris de sabores se ve cada vez que abre su coche.

María Piedra, de 39 años, es vendedora de Bon Ice en diferentes lugares de la ciudad. Pero su lugar fijo, desde las 11:00, es el parque de La Alameda, en el centro de la ciudad.

Piedra trabaja vendiendo los productos de Koala desde hace seis años. “Empecé este trabajo por necesidad, pero ahora me encanta y no lo cambiaría”, dice entre risas. El trabajo de Piedra consiste en caminar por la ciudad jalando un coche con sus productos. Pero esto no es lo único por lo que debe preocuparse. Ella trabaja acompañada de su hijo Esteven, de dos años y medio, a quien lo lleva todos los días en una carriola.

Piedra se levanta temprano para arreglar a sus otros dos hijos, de 15 y 13 años y mandarlos a la escuela. Su jornada laboral empieza desde las 09:00. Ella sale desde su casa, ubicada en La Marín, en el centro. Luego, se dirige a la empresa Koala, ubicada en la av. Colón y José Tamayo, en el norte. Ahí ella se abastece de 400 a 450 bolos, de hielo y yogur.Desde ahí comienza su recorrido hasta llegar al parque La Alameda, en el transcurso ella jala con una mano el coche con sus productos y con la otra el coche de su pequeño.

Al llegar al parque, ella se ubica cerca de la av. 10 de Agosto, ahí tiene su puesto fijo. Se acercan a comprar niños, jóvenes y adultos… A todos los recibe y saluda con una gran sonrisa. “Si los atiendo bien, los clientes siempre regresan. Por eso siempre trato de que me recuerden por el buen servicio”, cuenta.

Su trabajo requiere que esté  parada durante varias horas y lo que más le gusta es observar lo que pasa a su alrededor. “Aquí se ve de todo. Desde enamorados en el parque, hasta accidentes de tránsito”.

A las 13:00 la madre de familia se dirige a los colegios cercanos para vender a los chicos que salen de clases. A veces camina y otras corre para alcanzar a los jóvenes. Eso -dice- es lo que más disfruta. “Me gustan las calles, por eso elegí este trabajo, por la adrenalina que produce recorrer la ciudad”.

Durante el día, ella también prueba del producto que vende. Pero su hijo es más goloso porque durante el día prueba hasta ocho bolos.

A las 16:00, termina su jornada y regresa a la empresa. En ese lugar deja el coche y paga por el producto. Ya en su casa arregla un poco y mira la televisión. En la tarde dedica un tiempo para la distracción. “Me encanta mirar las telenovelas porque me hacen vivir como en un sueño”, bromea.

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Vicente Quemag aprendió a conducir por necesidad laboral 19 mayo, 2010

Posted by Leonardo Morales in Lo que no sabías sobre....
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Todos los días, Vicente Quemag se levanta a las 05:45, toma un baño y se prepara para salir a trabajar.

Se sienta a la mesa junto con sus hijos Jeferson de 13 años y Jessica de 9, y se sirve el desayuno que prepara su esposa Mercedes Arias. A las 07:00, toda la familia sale de su casa ubicada en la Perla Quiteña, en la entrada al valle de Cumbayá. Ellos caminan tres cuadras por la avenida Simón Bolívar y toman un bus.

Los esposos dejan a sus hijos en la escuela Carlos Aguilar y en el Colegio Nacional Cumbayá. Mercedes busca un bus para regresar a la casa y él se sube en otra unidad para ir a su trabajo de carpintero. Quemag, de 31 años, es artesano y trabaja para una empresa que realiza lienzos para pintura en óleo. Antes se dedicaba a pintar interiores, pero desde hace cinco años conoció a su jefe Luis Mancheno y empezó a trabajar en ese negocio.

A las 08:00, el artesano llega a las instalaciones de Bastiflex (nombre de la empresa donde trabaja), en La Primavera. prende la radio y sintoniza la emisora Onda Azul, porque durante el día suenan baladas, que son las que más disfruta. Se pone su mandil azul con el sello de la empresa y una gorra roja. Las labores para la mañana están asignadas desde el día anterior, por lo que no demora en iniciar su trabajo.

Toma su tabla de madera y lee lo que tiene que hacer, coge las telas cortadas y los bastidores de madera que correspondan a la medida. Prende un compresor amarillo y así pone en funcionamiento a la grapadora que utiliza para templar las telas en las maderas.

Junto a una mesa rectangular con un filtro verde coloca dos canecas y encima un tablón de madera para apoyar los lienzos que está preparando. Escoge las telas mejor pintadas y las estira con una pinza metálica.

A las 10:00 la secretaria de Bastiflex informa a Quemag que tiene que ir a hacer una entrega. Se quita el mandil, se limpia el polvo y sube los bastidores terminados en la camioneta de su jefe, los ajusta con una cuerda para que no se caigan en el camino. Toma las facturas de lo que está llevando y prende el carro.

Su tarea es llegar con los materiales a tiempo. Sube a la ciudad por la Av. De Los Conquistadores, en Guápulo. Quemag cuenta que gracias a su trabajo aprendió a manejar y sacó la licencia de conducir. Su empleador le ayudó para que saque todos los papeles.

Cuenta que lo que más le motiva es que en la empresa no falta trabajo: “Aquí las labores son fijas, siempre hay algo que hacer”.

El hombre de estatura mediana entrega las cosas sin problemas, ya todos lo conocen y lo saludan con amabilidad. Cuando termina, regresa a la empresa para continuar con las tareas pendientes.

Vuelve a colocarse el mandil y tararea las canciones que suenan en la radio. A las 12:30, sale a la tienda de la esquina para comprar algo de comer. Su refrigerio del día es un yogur y galletas.

Explica que otros días trabaja solo con madera. Esa actividad la hace en un taller ubicado en el terreno donde vive. Él cuida el lugar a cambio de la vivienda. Recibe su paga por quincenas, y gana USD 350 al mes.

A las 17:30 termina sus labores, se saca el mandil, se moja la cara y se peina. Guarda los materiales y deja listo todo para el siguiente día. Toma un bus y se dirige a su casa. En 45 minutos llega, come algo y comparte con su familia.

Un pastor que se moviliza por toda la ciudad para ayudar 19 mayo, 2010

Posted by Leonardo Morales in Recorrido Jornáutico.
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Es un auditorio grande con capacidad para 300 personas, el púlpito es de vidrio y está sobre una tarima con alfombra celeste. Ese es uno de los sitios donde trabaja Teddy Bermúdez. El lugar, también decorado con flores, pertenece a la  Iglesia evangélica de la Alianza Cristina y Misionera ubicada en el sector de La Luz en el  norte de la ciudad.

Bermúdez, de 37 años,  es el pastor administrativo  del templo, pero su  lugar de trabajo es diferente todos los días, pues su función demanda que se movilice por toda la   urbe.

Sus días inician temprano, ya que gusta de hacer ejercicio en el parque que queda cerca a su casa. “Salgo a  caminar, respirar un poco de  aire y siempre hago una oración para encomendar mi día a Dios”.  Antes de salir de  casa prepara, junto con su esposa Ana García, a sus dos hijos  Esteban, de 6 años, y Ariel, de 5, para llevarlos al preescolar.

El pastor entra a su trabajo a las 09:00. En las mañanas sus labores se concentran en la oficina,  arreglar papeles y revisar la administración del templo. Pocas veces da consejerías a matrimonios jóvenes durante el día; que es su especialidad. “El secreto de mi matrimonio es  no ir a dormir sin antes haber arreglado el problema  que tengamos”.

Bermúdez, en sus conversaciones, siempre tiene  consejos  descubiertos en las páginas de  la Biblia y esos ‘tips’  le ayudan a buscar soluciones a los problemas cotidianos. Desde que era joven sintió la vocación para ayudar a resolver dificultades  por  medio de la guía de Dios. Por este motivo, entró al seminario Nazareno, donde estudió Teología durante cinco años .

Gracias a su  preparación ingresó a  la Alianza Cristiana y Misionera. Ahí conoció a su esposa. Desde entonces el acercamiento que ha tenido con personas de diferentes estratos sociales, culturales y económicos es lo que más preocupa  a Bermúdez. “Muchas veces voy en el carro y quisiera poder ayudar a todos los niños que veo en las calles, me gustaría que la ciudad luzca diferente”.

Por eso, en las tardes su labor cambia. Bermúdez  recorre  la urbe  visitando  a gente enferma o que ha sufrido la pérdida de un ser querido.  “Hay realidades económicas diferentes, pero  las enfermedades y el dolor no toman en cuenta nada”.

Las noches, en cambio, el pastor se reúne con varios grupos de creyentes de la iglesia denominados  células. Con ellos, durante dos horas, estudian la Biblia, oran, conversan y  alaban a Dios.

Los días de Bermúdez son largos. “A veces escuchar tantas cosas te predispone de mala manera, pero ahí está el triunfo”.

El trabajo que realiza  Bermúdez como pastor consiste  en dar esperanza a las personas que conoce por medio del conocimiento de Dios. “Trato de llevar mi vida como un ejemplo para los que me rodean”.

Otras actividades
Teddy Bermúdez ha  trabajado en diferentes áreas de la Iglesia. Un tiempo fue pastor de jóvenes, donde tuvo que lidiar con problemas distintos.
Para el pastor  lo más  difícil es la movilización por la urbe. Tiene problemas en  ubicarse par a encontrar direcciones, pues dice que la ciudad es muy larga y cada vez crece.
Bermúdez también  da consejerías cuando personas de fuera de la Iglesia le solicitan ayuda, previa cita.